EL MISTERIO DEL OASIS
Un caluroso verano azotaba al pueblo de Umani, en la zona de Arabia Saudita. La pequeña Rael de tan solo 6 años, jugaba diario en el oasis que se encontraba en las afueras de Umani, su ciudad natal. Un día, ella llego más temprano a jugar en las aguas azules que reinaban en aquel paraíso. Mientras ella chapoteaba felizmente, algo la acechaba entre los arbustos. Era la sombra de algo desconocido, algo nunca antes visto. La criatura media unos 2 metros y se arrastraba sigilosamente observando a Rael. Fue el sonido de una rama que se rompía lo que alerto a Rael. El silencio reino algunos minutos, hasta que de la profundidad de aquellos arbustos, un movimiento tambaleaba las palmeras y plantas, acercándose cada vez más hacia la pequeña. El sonido que provenía de aquel alboroto era parecido al de las pisadas de los elefantes. Ella inmóvil del terror, tenía bien fija la mirada en aquel meneo de plantas. De pronto el movimiento y el sonido cesaron. La pequeña Rael no tuvo valor para salirse del agua y ahí se quedó hasta que la noche cubrió aquel bello oasis. La luna asomaba y las sombras entre las plantas y árboles, tenían aterrada a la pobre Rael. Las frías aguas del oasis la mantenían despierta y los primeros síntomas de hipotermia empezaban a presentarse. Ya era de madrugada y la pequeña apenas y podía mantenerse de pie. El sonido de los arbustos fue lo que la despabiló. La maleza empezaba a agitarse por todos lados y los sonidos cada vez se acercaban más y más. Ella sentía que no solo una cosa se le acercaba, si no muchas y por todos lados. El colapso le llegó, cuando atrás de ella cayó una rama de palmera. La mente le quedó en blanco y un grito ahogado terminó por abatirla hacia el desmayo. La chiquilla de 6 años flotaba inconsciente en el agua, mientras que el movimiento termino llegando a ella. Era todo el pueblo que andaba en busca de ella. Su hermano Ramses fue el primero en divisarla y corrío hacia el pequeño lago como gacela para salvar a su hermana. La cargo hasta la orilla y toda la multitud se acerco a ver como se encontraba aquella criaturita. La madre se arrodilló llorando y gritando:
- ¿Por qué mi hija? ¿Qué te ha hecho? Es solo una niña.
El hermano la revisaba, quería buscar heridas, golpes o cualquier rastro que pudiera hacerlos saber que había pasado con la niña. Entre el griterío, el llanto de las señoras y las caras tristes de los señores y jóvenes, se escucho el milagro. La pequeña Rael empezaba a toser y a sacar agua por la boca. Los aplausos y gritos de alegría avivaron aquel oscuro oasis. Y es así como regresaron a casa. Días después, Rael recuperó el conocimiento, y la familia se acercó a preguntarle acerca del suceso. La mama empezó aquella que sería la entrevista que marcó para siempre la vida de aquel pueblo:
- ¿Qué pasó en el oasis hija mía? Pregunto con tranquilidad la mama.
Rael contestó con un tono medio ronco:
- Había algo ahí mamá, no se que era. Solo se que era grande y quería atacarme.
Las miradas se centraron en la pequeña. Y la madre continúo:
- Pero ¿Qué viste Rael? ¿Estás segura de que no era un animal o alguien intentando asustarte? Dijo cierta curiosidad la mamá. Y Rael contestó:
- Mamá, era algo grande. No era ningún animal, ni persona. Era algo como una bestia que se esconde en el oasis. Finalizó la pequeña.
Bastaron las palabras bestia y oasis para que la gente de Umani empezara a tenerle terror a aquel paraíso. Y fue el suceso de Rael, lo que llevo a este pueblo a la pobreza, ya que nunca mas se acercaron por agua ni alimentos que crecían en aquella majestuosa belleza de la naturaleza. Al oasis se le denominó “El lugar prohibido” o “El lugar de la bestia” y desde entonces la gente de Umani vive atemorizada y con miedo de que algún día la bestia se canse de estar oculta y decida atacar.
